jueves, 6 de julio de 2017

El cántico cósmico



El Sonido y los Éteres

CAPÍTULO VI

EL CÁNTICO CÓSMICO

Kepler fue un verdadero místico que afortunadamente vivió en una época en la que todavía era posible que un científico proclamase su misticismo sin sacrificio del prestigio. Dijo que había oído la música de las esferas y declaró que estaba recibiendo iluminación divina en su trabajo científico. "La geometría es única y eterna, un reflejo del Espíritu de Dios" decía. Un día escribió con súbita inspiración lo siguiente: "Colocad el cubo entre Saturno y Júpiter. El cubo limitará la órbita de Júpiter. Colocad el tetraedro entre Júpiter y Marte, el tetraedro limitará la órbita de Marte. Colocad el dodecaedro entre Marte y la Tierra, el dodecaedro limitará la órbita de la Tierra. Colocad el icosaedro entre la Tierra y Venus, el icosaedro limitará la órbita de Venus. Colocad el octaedro entre Venus y Mercurio, el octaedro limitará la órbita de Mercurio". Estas figuras geométricas son los cinco sólidos básicos de la teoría pitagórica. La ubicación que Kepler les da como se ha descripto indica una correlación con el orden de los planetas del sistema heliocéntrico que Copérnico había redescubierto menos de un siglo antes.

Más tarde, escribió: "Comencé esta investigación para mi particular regocijo.

Estoy tentado a gritar: "¡Apartaos de mí porque soy un pecador! Pero de aquí en adelante me interesaré únicamente en Su gloria porque los astrónomos somos también profetas de Dios que predicamos con el Libro de la Naturaleza" (Similarmente un antiguo texto nos dice que Abraham aprendió la Ley de Dios por medio de la astronomía).

Al elaborar sus tres Leyes Kepler usó como Copérnico su imaginación. Copérnico visualizado el sistema Solar como el Sol centralizado pero todavía pensaba que las órbitas de los planetas fuesen círculos; Kleper, un místico científico más grande, llevó a cabo la tarea de describir las tres grandes leyes del movimiento planetario indicando que sus órbitas eran elipses, no círculos.

El, contempló mentalmente el sistema Solar desde un punto situado en una estrella distante, viendo así con el ojo de su mente una escena de Marte y la Tierra en movimiento alrededor del Sol y dedujo matemáticamente que sus movimientos debían ser en órbitas elípticas. Comprobó su primera visión intelectual colocándose mentalmente a sí mismo en el espacio donde pudiese ver la órbita de Marte desde su propio plano. Luego procedió a demostrar matemáticamente que la verdad no podía ser sino del modo que él la había contemplado.

Por supuesto, él era ante todo un matemático y sus visiones iban mano a mano con la comprensión de esta ciencia en una forma imposible para el neófito. No fueron solamente las matemáticas las que revelaron a Kepler las tres Leyes; estaba presente una cierta clarividencia intelectual. Posteriores observaciones con el telescopio demostraron la corrección tanto de sus visualizaciones como de sus cálculos.

El hecho de que sus elipses (que eran ovales) tuvieses dos focos en lugar de uno perturbó la mente de Kepler por largo tiempo pero se vio forzado a aceptarlo ante la evidencia, aunque nunca encontró una explicación. ¿Por qué debía haber un segundo foco, un lugar vacío además del foco ocupado por el Sol, alrededor del cual daban vuelta los planetas? Kepler se mostraba renuente a aceptar el concepto griego del círculo perfecto con un foco en un punto central pero no vio otro camino porque su "Ángel de la Verdad" le condujo en una nueva dirección.

Al considerar la lucha de Kepler por comprender el porqué de los dos focos de sus elipses planetarias el estudiante recuerda de nuevo la teoría de la "contra-Tierra" que los pitagóricos decían que era como un Sol invisible alrededor del cual la Tierra daba vueltas y además que ésta invisible "Anti-Tierra" era la causa de la Precesión de los Equinoccios. La astronomía moderna sostiene que es el efecto gravitacional de la Luna que hace que la Tierra gire sobre su eje y esto a su vez produce la Precesión de los Equinoccios pero los pitagóricos y los platónicos evidentemente no incluían a la Luna en esto. Así es que tal vez ellos realmente tenían alguna sospecha del hecho de que una o más de las órbitas planetarias -probablemente la de la Tierra- no era circular sino elíptica y que el planeta giraba alrededor de los dos focos en lugar de uno, sin embargo nada había en uno de los focos aunque el Sol ocupara el otro.

Los escritores no aclaran al comentar los fragmentos pitagóricos si Pitágoras escribió acerca de una "Anti-Tierra" o de un "Anti-Sol", de todos modos, ¿creía Kepler en la Astrología? El, llegó gradualmente a abandonar la creencia en la influencia del Zodíaco pero continuó creyendo que los aspectos astrológicos ejercían alguna especie de influencia sobre la Tierra y el hombre.

"Observad esto" escribió: "si hoy dos planetas están a 89º uno del otro, nada sucederá en el aire, pero mañana cuando se alcancen los 90º completos se levantará una súbita tempestad de truenos. El efecto por lo tanto, no viene de una estrella única sino del ángulo del segmento armónico del círculo".

La astronomía, ahora ha descubierto estos mismos aspectos e indicado su conexión con las perturbaciones radiales, manchas solares y terremotos. Es solamente cuestión de tiempo para que los científicos comprendan la necesidad del estudio de la astrología -horóscopos de los individuos-.

Kepler decía, que el alma humana recibía al nacimiento, emanaciones de las configuraciones planetarias a causa de que ella llevaba en sí misma las armonías subyacentes dado que reaccionaba indistintamente a proporciones geométricas, continuando respondiendo a las mismas durante toda la vida. Dijo también: "Dios hizo la música durante la creación; enseñó a la naturaleza a tocar; en verdad ella repite lo que Dios le enseñó". Tan complicada era la filosofía de Kepler acerca de la música cósmica que Rudolf Thiel ha comentado: "Comparada con el sistema de Kepler la música pitagórica de las esferas era como una lira contra toda una orquesta".

Kepler declaró que los aspectos astrológicos estaban relacionados con el número total de grados de un círculo -no elipse- en la proporción de 1:2, 2:3, 3:4, 4:5, 5:6, 3:5, 5:8. Llevó la idea más adelante, diciendo que si uno endereza el círculo convirtiéndolo en una cuerda de violín, los ángulos astrológicos corresponderían a la diferentes longitudes de las cuerdas que produce la armonía. Seguramente los pitagóricos deben haber descubierto algo parecido aunque nada ha llegado hasta nosotros. Se creyó por largo tiempo que el vidrio blanco transparente era desconocido en los tiempos romanos pero los recientes hallazgos arqueológicos indican que los romanos pueden haber tenido tal vidrio. Sin embargo, toda evidencia de ello se perdió con la caída de la cultura greco-romana y la fórmula ha tenido que ser redescubierta en los siglos recientes. Lo mismo es cierto de los complicados por los griegos, pues uno fue sacado del fondo del Mediterráneo procedente de un barco hundido. Antes de que esto ocurriera se creía que los griegos eran demasiados filosóficos, artísticos, etc., para inventar maquinarias de este tipo.

Kepler estaba seguro que existía una base armónica para todas las actividades del sistema Solar y enunció una relación matemática entre las distancias de los planetas entre sí y de cada uno de ellos con relación al Sol y sus velocidades; esta relación se expresa en la regla de que "los cubos de las distancias medias de cualquier par de planetas con relación al Sol, son los cuadrados de sus tiempos periódicos de revolución". Descubrió esto como si fuese un accidente divinamente ordenado, en el curso de experiencias de pruebas y errores; avanzando con cada prueba en orden meticuloso hacia la conclusión correcta, como muchos grandes científicos lo han hecho; como si en realidad un "Ángel guardián", "un Ángel de las visiones de la Verdad" -un Ramiel, Un Uriel, un Rafael- estuviesen guiando al científico en la serie de accidentes que deben conducir inevitablemente a la meta correcta, en la teosofía hebrea el Arcángel Ramiel es llamado el Ángel de la Visión de la Verdad; Uriel, el Arcángel de la Astronomía; Rafael, el Arcángel de Videncia y la Razón.

Ahora nos encontramos en la época de la radio-astronomía. "Oídos gigantes" son construidos para captar los mensajes que vuelan a través del espacio procedente de todos los astros, estrellas, planetas, satélites, meteoros, galaxias, nebulosas y también para registrar los gases especialmente el hidrógeno que es la substancia más abundante en el espacio interestelar. El canto del hidrógeno viene del espacio mismo así como de los cuerpos celestiales y su color es el rojo, ese rojo que Max Heindel describe como el color primario de la evolución; "calor", "rojo" que existían únicamente en la más temprana aurora de nuestro sistema Solar que conocemos como el Período de Saturno y su recapitulación, la Revolución de Saturno del Período de la Tierra. Allí existía el calor, existía rojo, y también "el canto del hidrógeno".

No es, sin embargo una música que pueda ser oída con el oído astronómico sino solamente el zumbido y el murmullo de las grandes máquinas que transmiten los susurros del espacio. No son, sin embargo, las estrellas que oímos cantar, sino solamente la máquina murmurando sus respuestas al sonido de las alas cósmicas. Pero hemos oído suficiente como para saber que los antiguos estaban en lo correcto al sentir una mística simpatía por la Vía Láctea donde decían, moraban los dioses en sus palacios y donde Escipión habló a su abuelo que estaba morando allí con los dioses en celestial bienaventuranza y oyó una música divina sonando a su alrededor.

Porque la Vía Láctea es nuestra propia galaxia, a ella pertenece nuestro sistema Solar, un sistema diminuto cerca de un borde de la gigantesca rueda de niebla y estrellas. Cuando el hombre de la Tierra mira hacia la constelación de Sagitario en el cielo nocturno penetra en la dirección de algún gran Centro Invisible de los abismos de los espacios, alrededor del cual nuestra propia galaxia da vueltas. Lo que hay allí lo sabe el hombre común pero el místico podría decir: "allí mora el Dios de nuestra galaxia, aunque no pueda decirse si bajo la forma de un Fuego Central o de un Poder Invisible en una Nube. Sabemos únicamente que las estrellas de Sagitario penden como una cortina entre nosotros y esa lejana y escondida Gloria, ese Shekinah del profundo y secreto lugar en el corazón de nuestro universo hacia el cual la mente se vuelve y el corazón exclama: ¿Quién eres Tú, Señor?"

del libro "Temas Rosacruces" Tomo Segundo, 
de la Fraternidad Rosacruz de Max Heindel


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