martes, 18 de julio de 2017

El crepúsculo de los Dioses


CAPITULO XIV

EL CREPÚSCULO DE LOS DIOSES

Cuando Siegfried llega a la corte de Gunther, Gutrune la hermana del rey le entrega la copa mágica del olvido. Desde entonces en adelante pierde la memoria del pasado y de Brunhilde, el espíritu de la verdad y se halla como un alma desnuda, dispuesta a entrar en la batalla de la vida. Pero está armado de su armado de su experiencia anterior. La espada de Nothung, el “coraje de la desesperación” con la cual combatió contra la codicia y el credo simbolizados por el dragón Frafner, y el dios Wotan, está todavía con él; e igualmente
Tarncap, o el casco de la ilusión, que es un buen símbolo de lo que en los tiempos modernos llamamos poder hipnótico, porque cualquiera que se ponía aquel casco mágico
en la cabeza aparecía a los demás en la forma que él deseaba; y tiene además el caballo de Brunhilde, Grane, el discernimiento, gracias al cual puede siempre descubrir la verdad y
distinguirla del error y de la ilusión. También dispone de poderes que puede emplear para el
bien o para el mal, según le plazca.
Como queda dicho, nuestra idea sobre lo que es la verdad cambia a medida que progresamos. Gradualmente subimos por el áspero sendero de la evolución, y entre tanto
nos aparecen fases de la verdad que hasta ahora no habíamos nunca apercibido, y lo que es verdad en cierto estado, es error en otro. Sin embargo, cada vez que estamos en un cuerpo físico vemos a través del velo de la ilusión, simbolizado por la llama de Loge que rodea a la roca de Brunhilde, su rápido corcel Grane, el discernimiento, está también con nosotros; y con tal que le aflojemos las riendas, la materia cerebro-mental, que está cargada con la bebida letal del olvido, no podrá nunca obtener la ascendencia sobre el espíritu.
La primera época atlante, cuando los humanos vivían como inocentes “Hijos de la Niebla” (Nibelungos) en las cavidades nebulosas de la tierra, está representada en el Rhinegold (oro del Rhin). La época atlante posterior, fue una edad de salvajismo, cuando la humanidad fue perjura con el amor, como hizo Alberico, y formó “el anillo” del egoísmo, empleando sus energías para adquisiciones materiales simbolizadas por “el tesoro” del Nibelungo, para cuya conquista luchan gigantes, dioses y hombres con brutalidad salvaje y
vil astucia, tal como queda demostrado en “La Valkiria”.
La primera época aria tiene la característica del nacimiento del idealista, simbolizado por los Walsungs” (Siiegmund, Síeglinda, Siegfried), una nueva raza que aspiraba con ardor sagrado a cosas nuevas y más elevadas; campeones valientes que tenían el coraje de sus propias convicciones y estaban siempre dispuestos a luchar por la verdad tal como ellos la veían, y a dar sus vidas como prenda para sostener sus sinceras convicciones. Así la edad del salvajismo realista, cedía el sitio a una era de hidalguía idealista.
Ahora estamos en la última parte de la época aria. Los buscadores de la verdad del pasado, han abandonado otra vez la roca rodeada de llamas de Brunhilde. Otra vez estamos envueltos en el velo de la carne y hemos tomado la bebida letal y ahora estamos
actualmente representando el último acto del gran drama épico “El crepúsculo de los dioses”, que es idéntico en su significación a nuestro Apocalipsis cristiano. “El evangelio del Reino” nos ha sido anunciado, “El Camino, la Verdad y la Vida” ha quedado abierto para nosotros, como lo fue para Siegfried; y estamos ahora en el momento de la probación, como él estuvo en la corte de Gunther, para ver sí queremos vivir como “casados con la verdad”. o si vamos a sacarla de su escondite y prostituirla, como hizo Siegfried. A fin de obtener la mano de Gutrune, sacó violentamente el emblema del egoísmo, el Anillo de los Nibelungos, de la mano de Brunhilde y le puso otra vez en su dedo; él cogió a Gutrune y se
presentó con ella a Guntber para que fuese su mujer; él la prostituyó y él mismo cometió adulterio con Gutrune, porque estando casado ya con la verdad, es un adulterio espiritual buscar los honores de este mundo.
El cielo y la tierra han quedado ultrajados por este horrendo abuso de la verdad. El gran Mundo Ash, el árbol del ser y de la vida, tiembla en sus raíces, donde Urd, Skuld y Verdande, el pasado, el presente y el futuro mueven los hilos del destino. Se aumenta la oscuridad de la tierra; la lanza de Hagen encuentra el único punto vulnerable en el cuerpo de Siegfried — su vida es el castigo que se le impone — y como el ideal más elevado de la
época ha fracasado, no vale la pena perpetuar el orden de cosas existentes. Por esta razón
Heimdal, el guardián celeste, toca la trompeta y los dioses cabalgan en solemne procesión
por el puente del arco iris por última vez, para enfrentarse con los gigantes en la batalla final: provocando así la destrucción del cielo y de la tierra.
Este es un punto muy significativo. Al principio del drama hallamos a los nibelungos “en el fondo del río”. Alberico, más tarde, forja “el anillo” en el fuego, que puede sólo arder en la clara atmósfera de la edad aria. Durante aquella época los dioses celebraban también sus sagrados concilios en el puente del arco iris, que es el reflejo del fuego del cielo. Cuando Noé había llevado a los semitas primitivos a través del “diluvio”, encendió el primer fuego. “El arco” fue colocado entonces en las nubes para permanecer allí durante toda esta edad y se tomó el acuerdo de que en todo este tiempo no cesarían los ciclos alternos, verano e invierno, día y noche, etcétera. En el Apocalipsis (IV, 3) a San Juan se le ofrece la instrucción respecto de “cosas que han de suceder después”, por “uno que está rodeado de un arco iris”; y más lejos (X, 1- 6) un ángel poderoso con un arco iris en la cabeza proclama solemnemente el fin de los tiempos. Así el mito del Norte y la enseñanza cristiana demuestran claramente que la época comenzó cuando el arco fue colocado en las nubes y cuando sea quitado de allí la época terminará y un nuevo estado de cosas, tanto físicas como espirituales, empezará a manifestarse.
El otro fenómeno de estos tiempos de turbación es mencionado en el antiguo mito.
Loge, el espíritu de la ilusión, tiene tres hijos: la Serpiente Midgaard que rodea al mundo en
forma de círculo, mordiéndose su propia cola, es el océano que refracta y tuerce todos los objetos sumergidos en él. Los hombres temen a este elemento traidor y siempre han palidecido pensando lo que sucedería si su furia se desencadenase. El lobo Fenrís, la atmósfera, es también un hijo de la ilusión (óptica), y el rugido horroroso de la tempestad puede hacer temblar al corazón más valiente. Hel, la muerte, es el tercero de los hijos de Loge, y la “reina del terror”. Antes de que el hombre entrara en la existencia concreta, como fue descripto al principio del gran mito y en el Génesis, su conciencia estaba concentrada en los mundos espirituales donde los elementos de ilusión, Loge (fuego), Fenris (aire) y la Serpiente (agua) no existen; por siguiente la muerte era también una manifestación desconocida. Pero durante la época presente en la cual la constitución del cuerpo humano está sujeta a la acción de los elementos, la muerte también impera.
Al sonido de la trompeta de Heimdal, todos los factores de destrucción adelantaron con ímpetu hacia el valle Vigrid, la parte opuesta a Armageddon, donde los dioses de todos los credos y sus juramentados servidores se hallaban reunidos para su última defensa. Los hijos de Muspel (el fuego físico) se adelantan desde el Sur, derrumbando al puente del arco
iris. Los gigantes de la Escarcha avanzan desde el Norte. Con horrorosos rugidos pasa Fenris, la atmósfera impelida por la tempestad, barre la tierra. Tan terrible es su velocidad, que la fricción genera fuego, y por esta razón se dice que su mandíbula inferior está en la tierra; que la superior llega al sol, y que de las ventanas de su nariz salen llamas. Este elemento se engulle a Wotan, el dios que gobernaba la edad del aire, cuando el arco estaba en las nubes. La serpiente Midgaard, o elemento acuario, es vencida por Thor, el dios de los truenos y de los relámpagos, pero cuando las descargas eléctricas se han librado finalmente del elemento agua, entonces ya no puede haber ni truenos ni relámpagos y por ende el mito escandinavo nos informa que Thor muere del humo que sale de la Serpiente. En nuestro Apocalipsis cristiano también nos hablan de truenos y relámpagos, y se nos dice que finalmente “se acabará el mar”.
Pero como el Fénix sale rejuvenecido y hermoso de sus propias cenizas, así también una nueva tierra más bella y más etérea, fue vista por la antigua profetisa, saliendo de la gran conflagración, en la cual “los elementos fueron disueltos por un calor abrasador”. Esta nueva tierra fue Llamada “Gimle”. No estaba falta de habitantes, puesto que durante el proceso de la gran conflagración un hombre y una mujer, llamados Lif y Liftharaser (lif significa vida), fueron salvados, y de ellos nace una nueva raza que vive en paz y cerca de
Dios.
“Veo un aposento alto, más brillante que el sol, techado de oro. En la cúspide de Gimle vivirá una raza virtuosa, gozando de eterna beatitud.
“Allí viene el Todopoderoso — el Padre — desde arriba, en todo su poder, al consejo de los dioses. El es el que piensa por todos, pronuncia sus sentencias; hace cesar las luchas y establece la paz que ha de durar eternamente.”
Así el antiguo mito escandinavo enseña, desde otro punto de vista, las mismas verdades que las que se encuentran con mayor amplitud en las Escrituras cristianas, desde el Génesis hasta el Apocalipsis: y es muy importante que nos demos cuenta de la verdad de
estas leyendas.
Hay, desgraciadamente, muchas de la clase descripta por San Pedro cuando dice:
“Donde está la promesa de su venida?. Pues desde que los padres cayeron en el sueño, todas las cosas continúan como estaban en el principio”.
Hay muy pocos que aprecian la importancia de la afirmación contenida en el segundo capítulo del Génesis, que “una niebla se levanto del suelo y regó la tierra antes de que lloviera”, y que de este modo los hijos de la niebla debieron ser fisiológicamente distintos del hombre actual que respira aire, desde que la niebla se condensó y se transformó en el mar. Pero tan seguro como se produjeron estos cambios en el pasado, con la misma seguridad se producirá otro cambio en lo por venir. Es posible que no suceda mientras nosotros vivamos - “aquella hora ningún hombre la conoce, ni los ángeles, ni tampoco el Hijo”, — pero se nos repite a menudo la advertencia de Noé en este mismo sentido. En aquellos días comían y bebían, se casaban y se daban en matrimonio, pero de repente las aguas cubrieron a todos, y con la sola excepción de aquellos que habían hecho evolucionar los requisitos fisiológicos nuevos, los pulmones, necesarios para vivir bajo las condiciones nuevas, perecieron. El Arca salvó de la catástrofe a los precursores.
Con el fin de pasar sin sucumbir por el próximo cambio, se necesita un “traje de bodas”, y es de suma importancia que empecemos a prepararlo. El “soma psuchicon” o cuerpo del alma, que San Pablo menciona (1 Cor. XV, 45), un vehículo etéreo de primordial importancia; puesto que cuando los elementos presentes hayan sido disueltos en el cambio venidero, ¿cómo podremos seguir viviendo si podemos tan sólo funcionar en un cuerpo denso como ahora?.
La raza germano-anglo-sajona será por cierto sucedida por otras dos antes de que la Sexta Época se manifieste definitivamente, pero actualmente, y de nuestras generaciones está preparándose la simiente para la Edad Nueva. Es precisamente la misión de la Orden Rosacruz, la que por mediación de La Fraternidad Rosacruz, ha de promulgar un método científico de desarrollo, adaptado especialmente a la humanidad occidental, y por el cual sea factible preparar este traje de bodas, para poder acelerar la llegada del día del Señor.


del libro "El Misterio de las Grandes Óperas", de Max Heindel


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